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lunes, marzo 10

Gorgias

Qué maravilla que es el Gorgias. Creo haber abandonado por acá la última vez que escribí sobre Platón. Ahora lo estoy releyendo y no puedo dejar de maravillarme. Entre nuevo trabajo y que me obligue a realizar un tour de force por el Zarathustra de Nietszche, a Platón lo tenía relegado. Había necesidad de tomar distancia.

Estoy a medio camino del dialogo de Polus, cuando después de haber establecido que lo más importante es saber quién es feliz y quien no, Sócrates le plantea la cura para tres de los cuatro vicios, dejando afuera la intemperancia que en la traducción que tengo dice indisciplina, el que queda amalgamado con la injusticia. Por otro lado, es tan obvio que Sócrates no cuestiona el hecho de querer convertirse en tirano que no deja de sorprenderme.

Igual una cosa no deja de preocuparme, si la filosofía parece ser el remedio para la intemperancia, quiere decir que aún el filósofo necesita de una cura...

viernes, enero 11

Pequeño comentario del Fedro

Me es terriblemente difícil entender cómo fue posible que se tomará por cierto los mitos de Platón. Esto debo agradecerlo a los grandes maestros que me abrieron la puerta para leer a Platón con extremo cuidado. Con su discurso largo me ha pasado como a él con el de Lisias, le he prestado atención a la retórica del mito y en lo más mínimo al contenido. Seguramente me esté perdiendo de algo pero creer que Platón podría estar escribiendo la astrología de los diarios del domingo dependiendo de cuál dios ha sido la guía me es demasiado. Este algo muy probablemente es el entusiasmo de Sócrates, en el sentido literal.


Dos elementos, Platón nos dice de entrada que el tema del dialogo es la retórica y que la interpretación del mito es irrelevante en cuanto al conócete a ti mismo, por lo demás los mitos hay que considerarlos como lo que son, mitos. Ni más ni menos, pues su interpretación no nos llevan a la felicidad, nos quitan tiempo y nos envuelven en discusiones interminables para ver si se puede lograr la cuadratura del circulo.

En todo caso, de la discusión de la retórica, el tema que más importantes es la aparente superioridad del discurso sobre la palabra escrita. No está de más decir que la rememoración de la que habla Sócrates no es distinta de la reminiscencia en el sentido que ambas son traer a la memoria algo, sea una imagen o un logos. Más interesante es saber si la elección de uno y otro se limitan a lo justo y lo injusto o lo trascienden. Si no lo trasciende, es que directamente de filosofía no se puede escribir absolutamente nada y menuda tarea nos queda para saber quién es el filosofo.

Puede la filosofía correr el riesgo de ser olvidada, puede atreverse a dejarse volver a descubrir, cual mito de Sísifo una y otra vez o será que en algún momento los filósofos decidan, o hayan decidido que la verdad de la filosofía debe ser narrada. Si es así habrán clausurado una tradición que nos cuenta Sócrates, que la manera para no preocuparse de las opiniones humanas no es ser un erudito sino volver a encontrar la verdad por uno mismo.

La frase que más rescato del Fedro es la siguiente:
“Pero también cuando se intenta una empresa hermosa es hermoso sufrir todo lo que se tenga que sufrir.”

Dicho luego de haber reconocido que para él, es evidente que todo ha sido en realidad un juego que hemos jugado. Si la empresa puede muy bien llevarnos al sufrimiento, no quiere decir que no nos podamos divertir también en el camino. ¡Me parece que el verdadero juego es tratar de dar una exposición sistemática de la dialéctica utilizando a Fedro, a los sofistas, a Trasimaco y a la retórica como ejemplo!!!

El Symposium

Estoy, como el post anterior lo muestra, en el medio de la relectura del Symposium teniendo de compañeros las mejores guías, empezando por el curso de Strauss. Me he salteado varios dialogos pero, en algún sentido, la impaciencia está justificada en la necesidad impuesta por el propio Platón de por lo menos leer, sino todos, la mayoría de los dialogos para luego volver atrás en el intento de que en el conjunto se haga manifiesto quién es el filosofo. Comentario externo ¡Vengo a enterarme que no son 7 sino 9 las tetralogías de las obras, como yo pensaba!!!

Estoy al final de Aristophanes. La primera resistencia que me surge de seguir a Strauss es por qué debo considerar refutados los primeros logos de Eros. Como bien dice, no hay dialogo entre ellos por lo no es el dialogo lo que permite su refutación, por lo demás, son intimidades de cada personaje con lo que para cada uno es Eros y éste no estaría completo si no estuviesen representados todos los discursos. Entonces, si en algún sentido cada discurso será refutado en el ascenso, en otro sentido siempre hay un fondo sobre el cual la opinión se encuentra fundada.

Hay tres criterios para refutar cada uno de los discursos, el primero es el agon que deberá decretarse el vencedor por el Dyonisio/Alcibiades. Todavía no hemos llegado a los últimos dos por lo que no es valido. El segundo es la arrogancia de Eryximachus a partir de su arte, quien presumiblemente refuta a Fedro y Pausanias pero no a Aristophanes. El tercero, al parecer utilizado por Strauss, es la necesidad interna de cada dialogo, si logran el cometido que se proponen, en particular la justificación de la pederastia.

A mi modo de ver, un elemento que debería tenerse en cuenta para comprender el Symposium es que todos los personajes están en búsqueda de la guía o el guía necesario, esto explicaría la razón de por qué Sócrates, en un acto de embriaguez, revelaría a los presentes los misterios siendo muy probable que no estaban iniciados y teniendo en cuenta la negativa a hacer un discurso después de Agathon. Al remarcarnos Strauss que son la crema de la intelectualidad de Athenas, nos puede querer decir que ninguno de los presentes se encuentra satisfecho, como lo pide Aristophanes, con las respuestas a la naturaleza humana que la ciudad puede proponerles. Por eso, quien poéticamente mejor entiende la situación de la polis es incapaz de dar cuenta de la imposibilidad de la solución de la polis, incapaz de volver atrás por más reaccionario que sea.

Quiere decir esto que el iniciado en la filosofía necesita de la guía, mejor dicho, es quien más necesita de ser guiado. La razón, podemos presumir, es que es el más peligroso de todos, quien cree saber y no sabe. En el amor, es el despechado y quién sabe de lo que es capaz. De los cuatro primeros discursos tenemos, primero a fedro que es un Alcibiades en potencia, seguramente sin la misma capacidad, es el más peligroso y seguramente por esto es necesario continuar el dialogo con él en seguida del Symposium. Luego tenemos al nihilista temeroso de la Ley pero que, descreído de los viejos ideales se contentaría con poder disfrutar su vejez rodeado de adolescentes. Al científico que no cree en la ciudad, o mejor dicho, por que cree poder eliminar los males o el azar demanda de la ciudad obediencia. (estaba ojeando en wikipedia la biografía de Von Newman. Todavía uno no realiza en qué pocas manos estuvieron los designios del mundo. Habría que ver si se refería a él Strauss cuando decía que quien creo la bomba-H no puede o no debe ser el mismo que decida utilizarla. Porque así fue!!!!) y por último el político que propone una revolución teológica-política en la línea de Lampedusa, Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie.

Dos amigos dialogando

La primera nota al pie de pagina de la traducción de Benardete del Symposium es una copia casi literal de la definición griega de lo bello dada en el curso de Strauss. Más adelante Strauss nos indica que uno puede decir, en la forma de una nota al pie de pagina, que no existe armonía entre el progreso intelectual y social. Qué mejor definición de la distancia de los dos que la que existe entre lo bello y lo justo.

miércoles, diciembre 19

La ciencia de la virtud

Cualquiera sea la solución, de la técnica política arribamos necesariamente a la virtud del hombre. Sabemos del Charmides que la virtud, si la templanza forma parte de ella, no es la ciencia del bien y del mal y tenemos serias razones para suponer que o no existe o si este no es el caso, como mínimo, no pertenece al orden de la sabiduría humana. Sócrates parece decidido a no participar en un dialogo acerca de la virtud, no está dispuesto a escuchar otro discurso largo que como advierte Prodicus, tendría por meta solamente demostrar quién es más sabio y no alcanzar la verdad. La paradoja de la afirmación de Prodicus es que si finalmente la discusión fue erística, entonces al final Protagoras debe reconocer la superioridad de Sócrates. Si, en cambio, constituyó un dialogo entre dos amigos, tal como prefiere decir Sócrates, entonces deberíamos suponer que se ha llegado a la verdad y esta no es otra que la virtud es enseñable.
Antes de llegar a este punto conviene evaluar qué conclusión se obtiene del análisis del poema de Simonides. La primera parte es una advertencia que puede interpretarse de Platón a cualquiera que lea sus diálogos. Dentro del elogio a Lacedemonia, Sócrates nos dice la forma de su sabiduría. De creerle, los spártanos deliberadamente eligen engañar a quienes no son parte de su comunidad y prefieren introducir entre muchas cosas vulgares, una expresión del discurso digno, breve y concentrada como un tirador de dardos terrible. Esta es la forma de la filosofía antigua y un ejemplo es la inscripción delfica que deberá ser interpretada según el conocimiento previo de cada uno pues la frase en si misma es enigmática. Otro discurso corto perteneciente a los siete sabios es la frase es difícil ser honorable que reprocha Simonides. Según la interpretación de Sócrates de lo que dice Simonides, volverse honorable es difícil, serlo imposible pues no es propio del hombre sino de Dios. La conclusión es que según Simonides el hombre bueno no existe y por lo tanto él alaba y ama a quien no caiga en el mal dado que ni los dioses pueden contra la necesidad.

La intervención de Prodicus es normalmente considerada, y así lo dice Sócrates, para que se recupere del golpe recibido. No obstante, una segunda lectura permite observar que Protagoras no logra superar la prueba introducida por él. Una segunda interpretación de la frase de Pitaco es que es malo ser honorable. En esta opción, la contradicción no está ya en el discurso de Simonides sino en la misma frase lo cual la vuelve todavía más incongruente, pues como podría haber alguna sabiduría en una frase que se contradice a si misma. A su vez, esta interpretación es coherente con la explicación dada por Sócrates de la necesidad de interpretar los discursos cortos en más de una manera pues, qué mejor forma de obtener dos discursos posibles que a partir de una contradicción. Si este fuera el caso, habría que interrogarse también si la inscripción delfica, conócete a ti mismo, nada en exceso no tienen también incorporada una contradicción.

Cualquiera sea el caso, lo cierto es que, si reemplazamos la acepción corriente de difícil por la de malo podemos llegar a la siguiente interpretación del discurso de Sócrates. Quien es malo ciertamente no se puede volver malo. Por otro lado, quien es bueno puede a veces volverse malo movido por las circunstancias. Tomando como ejemplo cualquier arte, quien es poseedor de dicho arte puede a veces actuar correctamente y otras veces no, pero quien no tiene el arte, por actuar a partir de la ignorancia no se vuelve malo en el arte correspondiente. Pero si el hombre bueno actúa mal no por eso lo hace voluntariamente considerando que no podría querer hacerse el mal a si mismo. En consecuencia, debe actuar mal involuntariamente, inclusive debe alabar y ser amigo involuntario de la familia o la patria que lo trata injustamente. El significado de involuntariamente puede ser o que es ignorante o que actúa movido por la necesidad. Si es el primero, descubrimos que es ignorante y por lo tanto no sabe que ha actuado mal. No podría ser el hombre bueno. Si lo es por necesidad, sin embargo, no deja de ser cierto que actúa mal a sabiendas de que lo hace y por lo tanto no es involuntario. Es más, se estaría haciendo daño a si mismo. El resultado de esta paradoja nos debe llevar a cuestionarnos si Pitaco tiene razón al decir que es malo ser honorable pues debemos voluntariamente hacer daño o, si por otro lado, existe la posibilidad de que el mal que se hace ahora lo sea por un bien mayor y en ese caso se acepta el mal menor.

Esta tarea es la que emprende Sócrates al final del dialogo cuando se interroga si las cinco virtudes son una sola o muchas y llega a la conclusión que si el bien es el placer, entonces podría existir una técnica métrica que cuantificará los bienes y males presentes y futuros y decidiera como actuar a partir del conocimiento a la solución del problema propuesto.. Esta técnica no sólo sería superior a la técnica política sino que sería muy similar a la última opción de la ciencia planteada en Charmides, y correspondería al conocimiento exigido en el Laches. Esta ciencia sería suficiente para ser feliz y lograr la salvación de la vida. Hace falta notar que se asemeja mucho a la planteada por los atomistas. Tiene como ventaja que de ser verdadera, entonces la enseñanza de la sofistica está justificada por la enseñanza de esta técnica métrica que le permitiría, a medida que se anticipan los males o penas, erradicar el temor y el miedo producto de la ignorancia.

A propósito del origen del hombre

Haciendo abstracción del dialogo de Protagoras por un minuto, uno no puede dejar de sorprenderse de las similitudes que existen entre el relato de Protagoras y el relato bíblico de la creación del hombre. En los dos relatos parece ser se narran dos creaciones del hombre, o por lo menos dos historias diferentes o incompletas de su creación. En el Protagoras, podemos suponer que la segunda es consecuencia del fracaso del primer hombre que a pesar de que Prometeo logra dotar de sabiduría y técnica para su preservación son destruidos. Si en la Biblia no hay razones del fracaso del primer hombre, o en todo caso de por qué la primera explicación es insuficiente, en la segunda explicación o creación del hombre la obra de Dios viene con una advertencia. También Zeus, al donar la justicia y la vergüenza lo hace con una advertencia o ley, dar muerte a quien no participe en ellas. Si el hombre de Zeus recibió la vergüenza por el simple hecho de no haber sobrevivido, el hombre de Dios la recibió como castigo por haber comido del árbol de la ciencia del bien y del mal. Es necesario interrogarse cuanto se asemeja esta ciencia a las robadas por Prometeo que, por lo visto, no le fueron de gran utilidad. La cuestión queda abierta, cuál fue la intención de Zeus de donarles la vergüenza y cuál fue, en última instancia, la razón por la cual los primeros hombres perecieron.

Protagoras

El protagoras abre la serie de diálogos dedicados a los sofistas junto con los titulados Hippias y Georgias y excluyendo a Prodicus, de quien Platón nos dice Soctátes fue discipulo. La presencia de Protagoras es motivo para estén reunidos en un mismo lugar con los sofistas las promesas políticas de Atenas. Socrtaés no quiere dejar de partcipar y sin embargo, en el dialogo introductorio con Hipocrates, mientras Sócrates considera a Protagoras como el más sabio al menos de los mortales, Hipocrates no puede dejar de sentir vergüenza de considerar a los sofistas como educadores. El elogio puede aparecer a primera vista apresurado y sin embargo sabemos del Laches que al hijo de Nicias le recomendó instruirse con otro discipulo de Prodicus, lo que es confirmado en este dialogo.
La vergüenza de Hipocrates es el pie para poder preguntarle a Protagoras qué es lo que enseña considerando la gravedad que si el sofista es semejante a un comerciante de mercancias de las que se alimenta el alma, no habiendo instancia media en la compra, no sabemos si lo que enseñan es util o perjudicial para quien decide pagar por su educación. La primera conclusión a la que arriba Sócrates es que Protagoras pretende enseñar la técnica política y si la técnica es equivalente a preparar buenos ciudadanos, la pregunta evidente es cómo puede ser que, sabiendo que existe la política, se pueda enseñar. Esta segunda pregunta que es la que definirá el contenido del dialogo, empezando a través del mito sin olvidarnos que igualmente existía la posibilidad de hacer un discurso racional.

viernes, diciembre 14

El Profeta antes de los Profetas

La posición en el charmides, de existir un conocimiento del todo, es que este tendría pleno control sobre nosotros, en cada aspecto y sobre todos los actos que serán realizados de acuerdo a dicha ciencia, incluyendo a los profetas que estarán subordinados a aquel que tenga a la sophrosyne por conocimiento, quien se convertirá en el verdadero profeta capaz de evitar todos los males, el que Platón nos indica en el Laches por intermedio de Nicias. Y sin embargo, al igual que en el Lysis, una pregunta queda. ¿Este profeta será feliz?
Sócrates respira aliviado cuando Critias le contesta que, además del verdadero profeta, la otra persona que tendrá sophrosyne es aquel que tenga el conocimiento del bien y del mal. Porque independientemente de si existe o no esta ciencia, no tendrá nada que ver con las demás ciencias, aún cuando sea necesario alcanzar esta ciencia para que las demás puedan hacerse bien y benéficamente. Si la ciencia que se había identificado con la templanza es la ciencia del bien y del mal, entonces Sócrates puede decir que la ciencia de la templanza no es la misma. Más aún, que la sophrosyne, en este caso, no tiene ningún beneficio para quien la posee, conclusión que no difiere en mucho con la situación alcanzada en el Lysis y que tendría como consecuencia la dominación de Afrodita sobre las personas como intima Platón al mencionar al Asno de Apuleyo. No obstante, esta conclusión solo se desprende de haber supuesto antes que la ciencia de las ciencias existe, que es posible conocer el trabajo de las demás ciencias, y de haber asumido una premisa irracional en palabras de Sócrates, que el hombre puede conocer aquello que no conoce. Solo así es posible afirmar que aquello tenido por más noble por todos no brinda beneficio alguno.

Charmides

El Charmides es el dialogo que plantea las consecuencias más temibles que se siguen del conócete a ti mismo y obliga a cada uno a enfrentarse con las opciones que tan elocuentemente plantea Platón.
La conclusión que se sigue de la premisas planteadas en el dialogo es que la sophrosyne es una ciencia y que además debe ser de utilidad. Critias no se ve intimidado por las preguntas de Sócrates, y así como al ver a Charmides éste pierde por un momento la virtud, parecería ser que, por primera vez, las respuestas de Critias están logrando que la perplejidad de Sócrates no se traduzca en la perplejidad de su interlocutor.
Nos enfrentamos con la posibilidad, abierta en el Alcibíades, de si el conocimiento de uno mismo es posible o imposible, y en el primer caso, que beneficio obtenemos de él.
Critias acuerda con Sócrates en que es imposible partiendo de todo lo conocido y que sin embargo existe esta ciencia. Es un paso muy corto identificarla con la metafísica, si bien en ningún momento Platón la menciona. Ciertamente, de existir, no tiene parecido ni con las matemáticas, ni con los sentidos, afectos o cualquier otra cosa conocida hasta el momento por el hombre.
Asumiendo que existe, se desprenden dos alternativas. La primera es la posibilidad de abolir los males de la tierra, dado que si tiene que haber un beneficio, este es poder ordenar la totalidad de las cosas del mundo de acuerdo al conocimiento, ningún acto erróneo o maldad serían posibles en la medida que existe la posibilidad de evitar que una persona que no piensa que no conoce, sin embargo actué en base a esta ignorancia, como también había sido advertido en el Alcibíades. La segunda alternativa refiere exclusivamente a los medios y no a los fines, pues nos permitiría aprender más fácilmente, percibir más plenamente, conocer no solamente lo particular sino cada una de las ciencias y por esto juzgar el conocimiento de los demás sobre la base de lo aprendido. Estas dos alternativas, en una segunda lectura, no parecen diferir en gran medida, los medios estarían dados para que en última instancia, una vez logrado el conocimiento de todas las ciencias, se tenga la posibilidad de juzgar cada uno y todos los actos humanos.