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viernes, enero 11

El Symposium

Estoy, como el post anterior lo muestra, en el medio de la relectura del Symposium teniendo de compañeros las mejores guías, empezando por el curso de Strauss. Me he salteado varios dialogos pero, en algún sentido, la impaciencia está justificada en la necesidad impuesta por el propio Platón de por lo menos leer, sino todos, la mayoría de los dialogos para luego volver atrás en el intento de que en el conjunto se haga manifiesto quién es el filosofo. Comentario externo ¡Vengo a enterarme que no son 7 sino 9 las tetralogías de las obras, como yo pensaba!!!

Estoy al final de Aristophanes. La primera resistencia que me surge de seguir a Strauss es por qué debo considerar refutados los primeros logos de Eros. Como bien dice, no hay dialogo entre ellos por lo no es el dialogo lo que permite su refutación, por lo demás, son intimidades de cada personaje con lo que para cada uno es Eros y éste no estaría completo si no estuviesen representados todos los discursos. Entonces, si en algún sentido cada discurso será refutado en el ascenso, en otro sentido siempre hay un fondo sobre el cual la opinión se encuentra fundada.

Hay tres criterios para refutar cada uno de los discursos, el primero es el agon que deberá decretarse el vencedor por el Dyonisio/Alcibiades. Todavía no hemos llegado a los últimos dos por lo que no es valido. El segundo es la arrogancia de Eryximachus a partir de su arte, quien presumiblemente refuta a Fedro y Pausanias pero no a Aristophanes. El tercero, al parecer utilizado por Strauss, es la necesidad interna de cada dialogo, si logran el cometido que se proponen, en particular la justificación de la pederastia.

A mi modo de ver, un elemento que debería tenerse en cuenta para comprender el Symposium es que todos los personajes están en búsqueda de la guía o el guía necesario, esto explicaría la razón de por qué Sócrates, en un acto de embriaguez, revelaría a los presentes los misterios siendo muy probable que no estaban iniciados y teniendo en cuenta la negativa a hacer un discurso después de Agathon. Al remarcarnos Strauss que son la crema de la intelectualidad de Athenas, nos puede querer decir que ninguno de los presentes se encuentra satisfecho, como lo pide Aristophanes, con las respuestas a la naturaleza humana que la ciudad puede proponerles. Por eso, quien poéticamente mejor entiende la situación de la polis es incapaz de dar cuenta de la imposibilidad de la solución de la polis, incapaz de volver atrás por más reaccionario que sea.

Quiere decir esto que el iniciado en la filosofía necesita de la guía, mejor dicho, es quien más necesita de ser guiado. La razón, podemos presumir, es que es el más peligroso de todos, quien cree saber y no sabe. En el amor, es el despechado y quién sabe de lo que es capaz. De los cuatro primeros discursos tenemos, primero a fedro que es un Alcibiades en potencia, seguramente sin la misma capacidad, es el más peligroso y seguramente por esto es necesario continuar el dialogo con él en seguida del Symposium. Luego tenemos al nihilista temeroso de la Ley pero que, descreído de los viejos ideales se contentaría con poder disfrutar su vejez rodeado de adolescentes. Al científico que no cree en la ciudad, o mejor dicho, por que cree poder eliminar los males o el azar demanda de la ciudad obediencia. (estaba ojeando en wikipedia la biografía de Von Newman. Todavía uno no realiza en qué pocas manos estuvieron los designios del mundo. Habría que ver si se refería a él Strauss cuando decía que quien creo la bomba-H no puede o no debe ser el mismo que decida utilizarla. Porque así fue!!!!) y por último el político que propone una revolución teológica-política en la línea de Lampedusa, Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie.

Dos amigos dialogando

La primera nota al pie de pagina de la traducción de Benardete del Symposium es una copia casi literal de la definición griega de lo bello dada en el curso de Strauss. Más adelante Strauss nos indica que uno puede decir, en la forma de una nota al pie de pagina, que no existe armonía entre el progreso intelectual y social. Qué mejor definición de la distancia de los dos que la que existe entre lo bello y lo justo.

miércoles, diciembre 26

Lefort sobre Leo Strauss

Si hay en un texto donde podría deducirse cuáles son las alternativas de la filosofía es cuando Strauss hablando de Nietzsche plantea dos caminos: insistir en el carácter estrictamente esotérico del análisis teórico de la vida – esto es, restaurar las noción platónica de la noble ilusión- o sino, podía negar la posibilidad de la teoría propiamente y concebir el pensamiento como esencialmente sirviente o dependiente de la vida o el destino. Si no fue Nietzsche, en cualquier caso, sus sucesores adoptaron la segunda alternativa.

Habría que ver a quién se refiere como continuador de Nietzsche , en la nota hace referencia a que Nietzsche asumió la premisa fundamental de la escuela histórica, lo que es a todas luces una ironía, por lo que muy difícilmente pueda ser de Heidegger de quien habla.

Todo esto viene a cuento porque recientemente conseguí un libro de un autor que hace mucho quería leer, Claude Lefort. El libro tiene un artículo denominado tres notas sobre Leo Strauss. No viene al caso comentar el tema tratado, entre el arte de escribir y la posibilidad de fundar una república que tenga a la virtud como objetivo a partir de la democracia liberal moderna.
Lo que me parece importante es lo que sentí promediando el texto, que sin conocimiento de causa, Lefort interpretando a Strauss no se daba cuenta que la consecuencia natural del planteo es la carta VII de Platón y la posibilidad de crear, fundar, convertir, sea la palabra que sea, un nuevo ser humano. Es sin duda una conclusión que se presta a dudas. Sería muy difícil aceptar que después de todo el esfuerzo que hace Platón para esconder la propia filosofía, el fin último de esta sea lograr aquello que es imposible por medio de la política. Sería, en todo caso, disminuir el horizonte de la filosofía.

A propósito del Emperador Juliano

Lectura de día de navidad, leí el pequeño ensayo que puede pasar por todo un elogio de Kojéve a su amigo Strauss. Una maravilla en lo que se refiere al arte de escribir y que ha tenido el extraño efecto en mi, ya insinuado en el protagoras, de hacerme dar cuenta el trabajo que significa, en el límite de lo posible, de volver a aprender a interpretar o a leer un texto.

Lo digo particularmente porque –pequeña confesión-no me considero especialmente hábil para traer a la superficie las contradicciones de un texto, en todo caso estoy mejor preparado para identificar las principales opiniones que se alejan de las tradicionales. Pero como muy bien nos advierte Strauss en el nuevo prefacio, así como una afirmación no se vuelve verdadera porque se muestre reconfortante, tampoco se vuelve verdadera porque se muestre terrorífica.

Todo lo que se puede decir acerca del piso en que me muevo, seguramente con otros, especialmente si consideramos otra advertencia, ahora de Kojève, que no es dado al filosofo sino sólo al sabio indicarnos cuál de dos afirmaciones hechas una es cierta y la otra no. Es entonces la tarea del filosofo el divertirse con sus lectores, practicar el arte de la escritura reeditando las penas y sufrimientos así como las alegrías y los placeres que el mismo filosofo sufrió al leer a maestros y que todavía, en el último día de su vida, duda acerca de cuál de las dos enseñanzas que extrajo es la verdadera.

Me he ido de tema, lo único sobre lo que quería reflexionar es sobre la última broma, que igualmente cuando Strauss trata el tema en el ensayo de Maimonides, se permite preguntarse por qué hacer público ensayos sobre el arte de escribir. Se puede decir que Maquiavelo resolvió, al menos en parte, el dilema de todo iniciado en filosofía de si esta permitido enseñar abiertamente la escritura esotérica. Nietzsche en el famoso aforismo de más allá del bien y del mal refuerza la idea que estas dos formas de escribir podrían estar circunscriptas al problema teológico-político y dejar a salvo la filosofía. El final del ensayo permite alcanzar una nueva interpretación sobre verdad en el sentido de descubrimiento y la imposibilidad de convertirse en sabio a través de la educación, lo que también permite toda una nueva significación de la educación liberal insinuada por Platón en el Gorgias.