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martes, enero 8

Las razones de la Peste

Vengo a leer en un libro de matemática las razones porque Atenas perdió la guerra del Peloponeso. La leyenda sería algo así y cito: Durante la peste, los atenienses interrogaron el oráculo de Apolo en Delos, quien solicitó que se duplicara el altar cúbico del dios. Los atenienses construyeron uno de doble lado, pero que aumentó el volumen ocho veces, y la peste continuó.

Me trae a la mente dos cosas. Primero qué entendemos por razón. Poco antes el libro, hablando de Pitágoras, le atribuye el credo “todo es racional” que en sentido literal significa que todo puede describirse mediante números racionales, para agregar que la ratio significa precisamente, “relación”. Luego habría que preguntarse qué relación tiene esto con el ejercicio de Sócrates en el Meno donde el esclavo es capaz por relaciones de obtener la raíz cuadrada pero, claramente, no podría haber construido el nuevo altar.

Lo de literal es muy significativo, cuántas veces hemos equivocado el significado de un concepto por no leerlo de manera suficientemente literal.

PD: El libro es La Matemática del Siglo XX de Odifredi.

miércoles, diciembre 12

Una tarea sin Fin


Tengo una determinación que muy probablemente sea en detrimento para mi salud, y es que me he puesto como tarea leer sistemáticamente las obras de Aristocles.

Algunas consideraciones previas. Todos los caminos de la filosofía conducen a él, pero no fue hasta haber leído la Filosofía de Platón y Aristóteles de Alfarabi que me sentí capacitado para hacerlo. Quien no necesita de una guía, un maestro para adentrarse en semejante tarea.
Justo cuando comencé a hacerlo di con esta pagina que sería de las delicias de Leo Strauss, http://www.plato-dialogues.org , en el cual un aficionado a la filosofía con bastante mayor nivel que el mió, Bernard Suzanne, parece haber descubierto la llave para destrabar los 7 sellos, literalmente.
Realmente el argumento es muy persuasivo, en más de un punto. Vamos directo a la aritmética de la obra, tal cual nos pediría Platón. Suzanne divide la obra en 7 tetralogías en orden ascendente, comenzando por el conócete a ti mismo del dialogo de Alcibíades y terminando con las Leyes. En esto, no difiere de Alfarabi. Quien recorra el camino tiene dos posibilidades, ascender hasta la quinta tetralogía y quedarse ahí, como Isócrates el sofista, o recorrer las siete. En el caso de recorrer las siete, la República se encuentra en el medio de toda la obra y nos revela el propósito del Filosofo. Pero el verdadero centro material de toda la obra es el final del phaedo, en la muerte de Sócrates y en su descripción como el hombre más justo o perfecto.
En el caso de quedarnos cortos en las primeras 5 tetralogías, la obra central es el juicio de Sócrates y el centro material es el final de phaedrus, con la profecía de Sócrates respecto a su amado Isócrates.
La identificación o orden de cada tetralogía es de una precisión matemática total. Tenemos entonces:
1
La monada, la esencia, espíritu, Dios
El filosofo
2
La díada, lo terrenal, el conflicto
El Sofista, la conjetura, la ilusión
3
El todo del mundo.
Opinión verdadera, la ley
4
La perfección, la justicia
El alma, el Eros, la psiche
5
Apollo, el Dios, la Luz
El logos y el conocimiento
6
La suerte, el amor, la belleza.
La razón, la ciencia
7
El cosmos
El cosmos

Ahora me encuentro en el dilema de qué orden seguir...

domingo, octubre 7

Salvando la Moral

Hoy hay una nota en La Nación acerca de los orígenes de la moral, pregunta que Nietzsche se hizo hace siglo y medio. Para regocijo de esa lucha eterna entre la religión y la filosofía, si al menos ni Dios ni la razón pueden explicarla, por lo menos el fenómeno queda salvado por la biología.

Pareciera ser que hay dos morales, una intuitiva y otra razonada, en donde la primera, cual elefante, se modifica lentamente por medio de un jinete. Hay que decir que este jinete no debería ser muy experto, sin duda debe ser más difícil montar sobre el lomo de un tigre tratando de devorarnos que sobre un elefante.

Por qué el elefante y no el tigre de la India es una muy buena pregunta. Descubrir, al lado de la Biblia, las Leyes del Manú no es suficiente para problematizar la moral como un mastodonte inerte.

Hay una opinión que es antológica, la religión es el fundamento de lo gregario, coronado por el éxito o supervivencia de esta conducta. De aquí a establecer la política entre quienes resaltan la obligación del individuo por ser intempestivo frente a quienes veneran la autoridad de las leyes hay un solo paso.

Pero es un poco aventurado plantear el cambio por el cambio o la conservación por la conservación si no tomamos en cuenta los fines que persigue cada uno.

lunes, octubre 1

Qué es el liberalismo

El domingo en la contratapa del suplemento Enfoques de La Nación apareció una entrevista a Pierre Rosanvallon.
Si hay un libro que ayuda a desentrañar el concepto liberal es el capitalismo utópico que desarrolló este autor en 1979. Foucault lo toma en alguna conferencia con ironía diciendo que la particularidad del liberalismo es haber logrado llevar a cabo sus utopías mientras que las del socialismo terminaron en un rotundo fracaso. Por otro lado lo menciona en el resumen del curso dedicado al nacimiento de la biopolíticao qué es el neoliberalismo.
Intelectual venido de la izquierda, bien podría pasar por conservador en estos lares.

martes, septiembre 18

La Banalidad del Conocimiento

Comencé a leer unas conferencias de Foucault en torno de la verdad y las formas jurídicas que trata sobre un tema de un post reciente aparecido en la Barbarie. Por otro lado resalta la similitud entre el modelo griego de penetración como dice Abraham con la confrontación de esta noción de conocimiento que hace Foucault con la de Platón y el amor incondicional sumado a su critica fulminante contra la pederastia. Pero lo que me sorprende aun más, sobre todo para alguien que ha leído a Leo Strauss, es la posibilidad no sólo de encontrar rupturas sino también continuidades, como lo ejemplifica este post del Café de Ocata, quien, como se ve, critica a los foucaultianos pero no a Foucault.

Hay, a primera vista, una situación extraña donde Foucault plantee una ruptura de Nietzsche de la filosofía occidental. Podemos ejemplificar esta idea con dos nociones, muy influidas por mis lecturas de Leo Strauss, quien por los temas tratados, en particular la relación entre el filósofo y el político, no son ajenas a esta disertación de Foucault. Primero que lo que Strauss plantea es leer a cada filosofo como si tuviesen razón y segundo, plantearlos justamente en la aporía del momento que escribe. Resumidas cuentas, abandonar la superioridad de la posición histórica cuando se lee a un filósofo. Es decir, no porque nosotros tenemos acceso a toda la filosofía posterior, debemos suponer que estamos en una mejor posición, en este caso que Nietzsche, para comprender a los filósofos anteriores. Aquello que nosotros sentimos, no como ruptura o continuidad, sino como intimidad de dos pensadores, como diría Strauss, debemos suponer que ya Nietzsche lo comprendió. El ejemplo del texto con Spinoza es de lo más ilustrativo. Donde Foucault ve ruptura, una inversión de Spinoza, uno encuentra una intimidad del pensamiento de Nietzsche con Spinoza que en todo caso nos lleva a preguntarnos cuál es la relación problemática entre reír, deplorar y detestar con el conocimiento. Si no fueran fundamentales tanto para Spinoza como para Nietzsche estas tres pasiones, no le hubiese hecho falta confrontarse con Spinoza, habría preferido refutarlo por el silencio.
Es por lo tanto problemático no concederle a Foucault esta misma concepción que damos de la relación entre dos grandes filósofos. Como ser, ¿Debemos considerar en serio a Foucault cuando dice que Nietzsche es quien realiza la ruptura de la filosofía con la teología? ¿No ha sido cierto a lo largo de la historia que salvo contadas excepciones los filósofos han sido perseguidos por las autoridades políticas o religiosas? Cómo no pensar al leer a los filósofos de la antigüedad y de la edad media, en la versión árabe particularmente, ni que hablar de la ilustración, que hay una constante lucha con los preceptos de la religión y de dios en cualquiera de sus formas. Ahora bien, debemos concederle a Foucault lo mismo que decimos para los demás filósofos. Es decir, esta idea que existe cierta continuidad en los problemas fundamentales a pesar de las respuestas históricas obtenidas.
Cierto indicio de su profundidad la obtenemos cuando encontramos una salvedad de esta ruptura. La primera ruptura es con la filosofía occidental hasta Descartes, para no ir más lejos. Pero en seguida y luego de la extensión del concepto la ruptura llega hasta Platón. ¿Qué cambio en el medio? La primera ruptura es la explicitación de Nietzsche de la ruptura de filosofía y teología. Que dios ha muerto significa que el hombre constituido a semejanza de dios ha muerto; que la unidad del sujeto en tanto unidad de deseo y deseo de conocimiento de las cosas incluidas el conocimiento de lo más perfecto (=dios) se derrumba una vez conocemos que el origen mezquino y vil de las ideas más sublimes. La segunda ruptura es más profunda y la comunica Nietzsche a través de Spinoza. No ya ruptura entre deseo y conocimiento sino subordinación del saber y por lo tanto del filósofo. Estos impulsos del conocimiento, reír, deplorar y detestar invierten la relación platónica del amor por el conocimiento. La máxima socrática “sólo se que no se nada” no nos impulsaría a conocer sino lo contrario, el conocimiento es el efecto de superficie puesto en juego delante de cosas que son amenazadoras y presuntuosas, es decir que se encuentra enfrentadas en un estado de guerra con alguien más. Este odio u hostilidad a los objetos se opone radicalmente con el amor o la felicidad del conocimiento expresado por Platón, como ser, en el banquete. Dos formas de conocer, una por penetración, por violación, cual si uno fuese el amo de los objetos, el otro por la percepción, por la relación de afinidad entre las cosas y el hombre, por una regularidad que se opone al caos de la naturaleza.
De repente tenemos la frase más enigmática de esta primera conferencia que daría a entender una total banalidad del conocimiento. Foucault dice en boca de Nietzsche que “el filósofo es aquél que más fácilmente se engaña sobre la naturaleza del conocimiento al pensarlo siempre en forma de adecuación, amor, unidad, pacificación.” Para concluir que la forma de aproximación al conocimiento no es como filosofo sino como político. Uno no puede dejar de sorprenderse de esta subordinación de la filosofía a la política, y de esta afirmación, sin reservas, de la inutilidad del filósofo. Más aún, la propia objeción que se hace Foucault a su pensamiento es afirmar una idea absolutamente controversial acerca del carácter político de la filosofía de Nietzsche, donde incluso la mayoría de los conocedores de su filosofía objetan siquiera la existencia de un pensamiento político más allá del gran estilo.
El Filosofo, en tanto el sujeto que más se ha dedicada a conocerse a si mismo es el que más fácilmente se engaña. Por el contrario el político que se encuentra constantemente confabulando a la manera de Alcibíades, tiene una mejor comprensión de qué es el conocimiento y su servicio a la política. Pero Nietzsche debía de saber esto. Por otro lado no es más que la disyuntiva de toda la obra platónica. Al descubrir el origen, al confesar lo inconfesable, Al destruir toda la metafísica occidental, por lo menos de descartes, en otras palabras, al dejar caer el sostén de Dios, los dioses o la Religión, la solemnidad, aquello de lo que ningún pueblo se puede reír, Nietzsche consumaría la muerte de la filosofía. ¿Es posible pensar este efecto del discurso filosófico como azaroso? ¿No hay, acaso, en Nietzsche, una intencionalidad de profundizar aquello que había comenzado con Machiavello?
Por último esta la elección del tipo de vida del Filosofo. En el momento que Nietzsche, o para el caso Foucault, le otorgan una mayor importancia a la política por encima de la filosofía, no deberían estos filósofos haber dejado su trabajo para dedicarse exclusivamente a la política. ¿Cómo pueden dar cuenta de sus actos, o para el caso, de la autoconciencia de la filosofía? No cabe duda, no obstante, que el discurso filosófico en tanto estrategia de poder ha perdido mucha de su eficacia. Esta es la tesis Straussiana de la necesidad de retornar a las mentiras nobles de Platón antes que someter la filosofía, el discurso se entiende, a la vida, negando toda posibilidad de teoría y por lo tanto de relevancia en las estrategias de poder desarrolladas en la actualidad. La banalidad del conocimiento queda demostrado por que hace mucho tiempo que el oficio de filosofo dejó de ser una actividad que conlleva riesgos para la vida.