viernes, diciembre 14

Charmides

El Charmides es el dialogo que plantea las consecuencias más temibles que se siguen del conócete a ti mismo y obliga a cada uno a enfrentarse con las opciones que tan elocuentemente plantea Platón.
La conclusión que se sigue de la premisas planteadas en el dialogo es que la sophrosyne es una ciencia y que además debe ser de utilidad. Critias no se ve intimidado por las preguntas de Sócrates, y así como al ver a Charmides éste pierde por un momento la virtud, parecería ser que, por primera vez, las respuestas de Critias están logrando que la perplejidad de Sócrates no se traduzca en la perplejidad de su interlocutor.
Nos enfrentamos con la posibilidad, abierta en el Alcibíades, de si el conocimiento de uno mismo es posible o imposible, y en el primer caso, que beneficio obtenemos de él.
Critias acuerda con Sócrates en que es imposible partiendo de todo lo conocido y que sin embargo existe esta ciencia. Es un paso muy corto identificarla con la metafísica, si bien en ningún momento Platón la menciona. Ciertamente, de existir, no tiene parecido ni con las matemáticas, ni con los sentidos, afectos o cualquier otra cosa conocida hasta el momento por el hombre.
Asumiendo que existe, se desprenden dos alternativas. La primera es la posibilidad de abolir los males de la tierra, dado que si tiene que haber un beneficio, este es poder ordenar la totalidad de las cosas del mundo de acuerdo al conocimiento, ningún acto erróneo o maldad serían posibles en la medida que existe la posibilidad de evitar que una persona que no piensa que no conoce, sin embargo actué en base a esta ignorancia, como también había sido advertido en el Alcibíades. La segunda alternativa refiere exclusivamente a los medios y no a los fines, pues nos permitiría aprender más fácilmente, percibir más plenamente, conocer no solamente lo particular sino cada una de las ciencias y por esto juzgar el conocimiento de los demás sobre la base de lo aprendido. Estas dos alternativas, en una segunda lectura, no parecen diferir en gran medida, los medios estarían dados para que en última instancia, una vez logrado el conocimiento de todas las ciencias, se tenga la posibilidad de juzgar cada uno y todos los actos humanos.

jueves, diciembre 13

Quién es el Filosofo

En el Lysis se da la definición más conocida del filosofo, o en todo caso la literal, como aquel que no siendo ni bueno ni malo, es amante de la sabiduría, mientras que los que son malos y los que ya son buenos no lo son.

Inmediatamente después de haber dado la definición del filosofo, Sócrates se congratula de haberse comportado como un buen cazador, quien no aviva a la presa, de acuerdo a como le había enseñado a Hippothales que deben ser los discursos sobre el objeto amado.
La relación entre estas dos partes del dialogo nos permitiría suponer que, al igual que Sócrates le enseño como tratar al amado, con humildad y disminuyéndolo de manera de quitarle la vanidad, lo mismo ha hecho Sócrates con la sabiduría, pues qué otra inferencia se puede obtener del dialogo con Lysis y Menexenus si no es que no podemos poseerla, y más aún, declarándonos amigos o amantes de ella no sabemos todavía si es ella nuestra amiga o la más terribles de los enemigas.

Lysis

El argumento del Lysis sería algo así:

Si no puede haber amor sin serle útil a quien ama y a la vez, la amistad es una posesión, entonces resultaría que no puede haber amor.

El resultado de la paradoja nos obliga a recurrir a los poetas primero, como Homero o Hesiodo, y también a quien, según Nietszche, al menos en alguna de las intempestivas, considera el filosofo que todavía no ha podido ser superado, Empedocles. En el camino, además de las intuciones poeticas, nuevas premisas serán levantadas para salvar a la amistad.

El dialogo alcanza, no ya una definición de la amistad, sino una definición de lo que es el deseo. Debemos suponer que esta no es la palabra final de Platón acerca del tema sino su introducción.
La última definición, recibida por Sócrates en inspiración divina es que el amante es amigo de los bueno y bello, siendo el amante ni bueno ni malo. No obstante, la propia definición del hombre virtuoso no puede evitar que, si la amistad debe ser útil, es condición la existencia de un último mal que justifique la elección del bien como amigo.
El último intento Platón se permite explorar una alternativa extraordinaria, qué sucede si abolimos todo los males. El argumento que se sigue tiene una estrecha relación con la discusión de la igualdad o diferencia entre la justicia y lo apropiado, pues resulta ahora que, abolidos los males, y habiendo reemplazado lo semejante por lo apropiado a nuestra naturaleza, que se sostendría solo si podemos encontrar que estos son distintos, entonces el hombre, que es deficiente no podría ser amigo de la sabiduría, como lo indica el silencio de Lysis.

Cómo esterilizar y no morir en el intento

El siguiente link es un manual de Pimco sobre política de esterilización. A juzgar por lo que dicen la tarea de Redrado es insuficiente o tímida. Controlar la inflación bien se merece un déficit cuasi fiscal.

miércoles, diciembre 12

La Aporía en Alcibiades

Nos encontramos con un efecto aparentemente paradójico, el efecto necesario de este estado de perplejidad es el temor y la angustia, sin el cual no nos ocuparíamos de nosotros mismos con el objetivo de vernos mejorados. Ciertamente a Alcibiades no le fue suficiente darse cuenta de la perplejidad sino que Sócrates tiene que recurrir a todo tipo de comparaciones con sus potenciales antagonistas para demostrarle que, en lo que se refiere a los posesiones que le permitiría a Alcibiades superar a sus oponentes y gobernar sobre todos, helenos y bárbaros, los atenienses no tienen nada más que su conocimiento, estando este por debajo del nivel del de Zarathustra, así como en las demás virtudes.

La inferioridad de los Héllenos y en particular de Alcibiades solamente puede ser superada, continuando con el intento de persuasión de Sócrates, por la inscripción Delphica “conócete a ti mismo”. El primer intento resulta en un nuevo fracaso, pues del conocimiento que tenemos no podemos inferir siquiera si aquello que permitiría mejor ordenar y preservar a la ciudad, teniendo en cuenta que si el objetivo es gobernar a las personas, no podemos dar cuenta si se lograría a través de la amistad y el acuerdo o por algún otro medio. El fracaso deriva en la necesidad de realizar un paso previo, sólo apto para aquellos que están todavía en la edad de hacerlo, que es hacerse cargo de uno mismo, presumiblemente a través de perfeccionarse a uno mismo, lo que nos lleva a la pregunta qué es el hombre como el único camino, sea posible o no contestar la pregunta, para saber gobernar a los demás y saber hacerse cargo de las posesiones de uno.
Del hombre, cabrían dos posibilidades – haciendo caso omiso a que todavía no sabemos que es lo que verdaderamente es existente – o el hombre no es algo que exista o es el alma. Pero no tenemos otra vía de acceso al alma que mirando, cual espejo, a las almas de los otros. No a otras personas ni al mundo en su conjunto sino solamente a la parte que se asemeja a lo divino, a la parte del alma en donde residen las virtudes del hombre.
Si el conocerse a uno mismo es la sabiduría, entonces el único camino a la felicidad es la sabiduría y la bondad, y el poder impartir virtud a los demás. El camino contrario, el de los mayores males es el que tiene poder pero a la vez es ignorante y es precisamente por que es esclavo de su ignorancia, que no es libre. Pero la sabiduría no requiere del poder tiránico, pues se puede tener poder y sin embargo ser ignorante. Y si el conocimiento es parte de ser sabio, sólo aquel es capaz de actuar de la manera más perfecta.


Alcibiades I

El dialogo narra la conversión de Alcibiades, de ser el amado de Sócrates a volverse el amante de Sócrates. La conversión es equivalente a tener como meta la sabiduría en oposición al poder, pues el poder, sin la guía del conocimiento muy probablemente termina en el fracaso, traicionando nuestra propia meta. Cómo Sócrates logra la conversión de Alcibiades es persuadiéndolo de la utilidad para él, de la asistencia de Sócrates. Es más, no de la asistencia sino de la necesidad de que Sócrates tenga absoluto poder sobre Alcibiades para que este logre su cometido, a la vez con la ayuda divina de Dios.
La conversión de Alcibiades se logra después de un primer fracaso y de una primera victoria que, pareciera ser, deja insatisfecho a Sócrates. El primer fracaso quiere transformarlo en una victoria por la burla a Alcibiades, el cual no se deja engañar. La primera victoria de Sócrates llega cuando, una vez más, interroga a Alcibiades acerca de la justicia y le muestra que la razón de las guerras y en particular, de la muerte de su padre, se deben a diferencias entre los hombres acerca de qué es la justicia, que constituye a su vez el tema tratado en las dos obras de Homero.
Cabe mencionar que al igualar la política a los demás artes como la gimnasia o el tocador de flauta, Sócrates ha introducido una distinción entre sabiduría y conocimiento. Por ahora alcanza con decir que tiene conocimiento sobre una materia aquel que ha aprendido o descubierto por si mismo la técnica o arte sobre el dominio en cuestión, y que quien mejor domine dicho conocimiento será el más excelente en el campo, pudiendo aconsejar a los demás que, reconociendo su ignorancia, recurren al experto.
Pero en la política nos damos cuenta de un fenómeno aparentemente contradictorio. Mientras que en cualquier arte uno recurre a quien es considerado el experto, en la política todos se creen con derecho de aconsejar al demos sobre lo que hay que hacer. Más aún, mientras que uno reconoce que no sabe aquello que efectivamente no sabe, ningún mal puede sucederse de recurrir a un experto, pero de la política, en donde participan quienes creen saber aquello que no saben, se siguen los mayores males. Considerando que cualquier persona comienza a actuar cuando tiene o cree tener conocimiento sobre la materia, el mejor consejero será aquel que demostrando la ignorancia de los demás, logre detenerlo antes de que comience a actuar. En consecuencia, el efecto práctico de la perplejidad es poder evitar los males, también el peor de los males, aconsejar sobre la conveniencia de la guerra y la paz, no sólo cuando es mejor sino también cuándo y por cuanto tiempo o hasta cuando conviene seguir una política especifica con un extranjero.
Sócrates identifica tres posibilidades y omite otra. La primera y peor de todas es, como decíamos, aquel que no sabe y cree saber, de quien se siguen todos los males. Las otras dos identificadas son aquel que no sabe y considera que no sabe, del cual ningún mal puede seguirse, y una tercera que es aquel que sabe. El que sabe puede saber que no sabe y está como en el caso anterior, este es su conocimiento, o efectivamente conoce y por lo tanto puede ser consejero de los demás. El caso omitido es aquel que sabe y no cree saber, del cual, presumiblemente, no podrían seguirse males pues se abstendría de actuar, pero tampoco bienes, pues pudiendo actuar honorable o correctamente, no lo hace.

Una tarea sin Fin


Tengo una determinación que muy probablemente sea en detrimento para mi salud, y es que me he puesto como tarea leer sistemáticamente las obras de Aristocles.

Algunas consideraciones previas. Todos los caminos de la filosofía conducen a él, pero no fue hasta haber leído la Filosofía de Platón y Aristóteles de Alfarabi que me sentí capacitado para hacerlo. Quien no necesita de una guía, un maestro para adentrarse en semejante tarea.
Justo cuando comencé a hacerlo di con esta pagina que sería de las delicias de Leo Strauss, http://www.plato-dialogues.org , en el cual un aficionado a la filosofía con bastante mayor nivel que el mió, Bernard Suzanne, parece haber descubierto la llave para destrabar los 7 sellos, literalmente.
Realmente el argumento es muy persuasivo, en más de un punto. Vamos directo a la aritmética de la obra, tal cual nos pediría Platón. Suzanne divide la obra en 7 tetralogías en orden ascendente, comenzando por el conócete a ti mismo del dialogo de Alcibíades y terminando con las Leyes. En esto, no difiere de Alfarabi. Quien recorra el camino tiene dos posibilidades, ascender hasta la quinta tetralogía y quedarse ahí, como Isócrates el sofista, o recorrer las siete. En el caso de recorrer las siete, la República se encuentra en el medio de toda la obra y nos revela el propósito del Filosofo. Pero el verdadero centro material de toda la obra es el final del phaedo, en la muerte de Sócrates y en su descripción como el hombre más justo o perfecto.
En el caso de quedarnos cortos en las primeras 5 tetralogías, la obra central es el juicio de Sócrates y el centro material es el final de phaedrus, con la profecía de Sócrates respecto a su amado Isócrates.
La identificación o orden de cada tetralogía es de una precisión matemática total. Tenemos entonces:
1
La monada, la esencia, espíritu, Dios
El filosofo
2
La díada, lo terrenal, el conflicto
El Sofista, la conjetura, la ilusión
3
El todo del mundo.
Opinión verdadera, la ley
4
La perfección, la justicia
El alma, el Eros, la psiche
5
Apollo, el Dios, la Luz
El logos y el conocimiento
6
La suerte, el amor, la belleza.
La razón, la ciencia
7
El cosmos
El cosmos

Ahora me encuentro en el dilema de qué orden seguir...