jueves, septiembre 7
lunes, septiembre 4
Quien mejor para responderle a Zaiat, que Rollo
La verdad que quería comentar la columna del sabado de Zaiat pero lo hizo mejor que nadie Rollo en este post. En la nota se discuten dos cuestiones que no tienen relación alguna, uno es la necesidad de politicas anticiclicas. La segunda es la estrategia cambiaria.
En la nota sobrevuela otra confusión, seguramente producto del horror que generó la crisis. Tengamos en cuenta que en esa epoca teniamos todas las politicas anticilicas posibles excepto el maravilloso superavit fiscal actual (de izquierda): Líneas contingentes internacionales, prestamista de última instancia (si bien con condicionalidades) por el FMI y una acumulación importante de reservas. No obstante, a pesar de todo esto no fue posible defender el tipo de cambio. La cuestión de los anticuerpos se resume en todo caso a cuál es la calidad de nuestra posición neta con el resto del mundo.
De hecho, la politica de acumulacion de reservas puede hacerse porque el BCRA es capaz de endeudarse en el mercado local, que para el caso sería lo mismo que lo haga el gobierno, pero en este caso luego tendría que girarle los pesos para que el BCRA le compre dólares y los depósite en la sucursal del BNA que tiene en Nueva York. A los efectos de la esterilizacion es lo mismo, a los efectos de los holdouts no, esos fondos serían embargables.
Debemos concluir que la famosa politica de anticuerpos significa endeudarse ahora que es posible a tasas relativamente economicas y no salir a pedir dinero ante el incendio, cuando normalmente ese dinero escasea o es caro, inclusive en el mercado local. Por otro lado, por alguna razon los agentes economicos tienen más fe en prestarle al BCRA que al gobierno, algo que no tiene logica economica, más considerando que toda la deuda es de corto plazo.
La segunda cuestión es la politica de tipo de cambios “competitivos” que tiene Asia más Argentina y otros paieses, o lo que es lo mismo. Lo feliz que estamos todos con un dólar alto (frente a Asia). No es cierto que las potencias tengan una politica de acumular reservas. De hecho la participacion de estas en su base monetaria es infima, más allá de que nos sorprendan los números absolutos. Otra cosa es que esta acumulación sea una consecuencia del dólar alto. Convalidar un deficit de cuenta corriente de EEUU es lo mismo que financiarlo, lo cual tiene sus repercusiones, principalmente la inflación.
Lo que da a llamarse el Breton Woods II puede resolverse de dos maneras. Al igual que De Gaulle más o menos al fines de los 60, el resto del mundo se puede cansar de financiar los deficit de EEUU y reclamar otros activos. Si en esa epoca fueron los lingotes en la reserva federal, hoy son las empresas yanquis como lo evidenció el mismo fenomeno con los japoneses en los 90 y hoy con los chinos. En ese caso te pueden dejar depreciar el dólar y te quedas con un montos de papelitos verdes muy interesantes por sus figuras, pero con menor poder de compra internacional. (si bien no local, para eso haría falts inflación)
La segunda alternativa es desentenderse de los mercados financieros globales. Esta alternativa responde a la imposibilidad de la politica monetaria de sostener tres objetivos. Libertad para fijar la tasa de interes, el tipo de cambio y el flujo de capitales. En un inicio se había elegido el control de los flujos de capitales, pero luego se cambio por fijar el tipo de cambio y esterilizar emitiendo deuda en el convencimiento que no hay necesidad de elevar las tasas de interés.
De hecho, esta es la politica que esta llevando a cabo actualmente el Banco Central de China además de subir encajes y otras cosas, dado que la esterilización no resulta suficiente y que cada vez más constituye un riesgo frente a la potencial depreciación del dólar.
En la nota sobrevuela otra confusión, seguramente producto del horror que generó la crisis. Tengamos en cuenta que en esa epoca teniamos todas las politicas anticilicas posibles excepto el maravilloso superavit fiscal actual (de izquierda): Líneas contingentes internacionales, prestamista de última instancia (si bien con condicionalidades) por el FMI y una acumulación importante de reservas. No obstante, a pesar de todo esto no fue posible defender el tipo de cambio. La cuestión de los anticuerpos se resume en todo caso a cuál es la calidad de nuestra posición neta con el resto del mundo.
De hecho, la politica de acumulacion de reservas puede hacerse porque el BCRA es capaz de endeudarse en el mercado local, que para el caso sería lo mismo que lo haga el gobierno, pero en este caso luego tendría que girarle los pesos para que el BCRA le compre dólares y los depósite en la sucursal del BNA que tiene en Nueva York. A los efectos de la esterilizacion es lo mismo, a los efectos de los holdouts no, esos fondos serían embargables.
Debemos concluir que la famosa politica de anticuerpos significa endeudarse ahora que es posible a tasas relativamente economicas y no salir a pedir dinero ante el incendio, cuando normalmente ese dinero escasea o es caro, inclusive en el mercado local. Por otro lado, por alguna razon los agentes economicos tienen más fe en prestarle al BCRA que al gobierno, algo que no tiene logica economica, más considerando que toda la deuda es de corto plazo.
La segunda cuestión es la politica de tipo de cambios “competitivos” que tiene Asia más Argentina y otros paieses, o lo que es lo mismo. Lo feliz que estamos todos con un dólar alto (frente a Asia). No es cierto que las potencias tengan una politica de acumular reservas. De hecho la participacion de estas en su base monetaria es infima, más allá de que nos sorprendan los números absolutos. Otra cosa es que esta acumulación sea una consecuencia del dólar alto. Convalidar un deficit de cuenta corriente de EEUU es lo mismo que financiarlo, lo cual tiene sus repercusiones, principalmente la inflación.
Lo que da a llamarse el Breton Woods II puede resolverse de dos maneras. Al igual que De Gaulle más o menos al fines de los 60, el resto del mundo se puede cansar de financiar los deficit de EEUU y reclamar otros activos. Si en esa epoca fueron los lingotes en la reserva federal, hoy son las empresas yanquis como lo evidenció el mismo fenomeno con los japoneses en los 90 y hoy con los chinos. En ese caso te pueden dejar depreciar el dólar y te quedas con un montos de papelitos verdes muy interesantes por sus figuras, pero con menor poder de compra internacional. (si bien no local, para eso haría falts inflación)
La segunda alternativa es desentenderse de los mercados financieros globales. Esta alternativa responde a la imposibilidad de la politica monetaria de sostener tres objetivos. Libertad para fijar la tasa de interes, el tipo de cambio y el flujo de capitales. En un inicio se había elegido el control de los flujos de capitales, pero luego se cambio por fijar el tipo de cambio y esterilizar emitiendo deuda en el convencimiento que no hay necesidad de elevar las tasas de interés.
De hecho, esta es la politica que esta llevando a cabo actualmente el Banco Central de China además de subir encajes y otras cosas, dado que la esterilización no resulta suficiente y que cada vez más constituye un riesgo frente a la potencial depreciación del dólar.
domingo, septiembre 3
Las tribulaciones de una viuda en UK
viernes, septiembre 1
Las reivindicaciones Mapuches
Buscando alguna cosa me encontré con esta pagina muy simpatica en wikipedia acerca de los Estados extintos. La verdad que el punto no viene al caso, pero considerando aquel famoso documental hecho con trozos del programa de Tato y el que se vayan todos, no por eso el tema deja de pertenecer a las fantasmagorías locales. La primera conclusión es que América ha tenido la menor cantidad de guerras, al menos si lo medimos por el cambio de nombre de los Estados que han surgido en el medio. Han existido tres imperios independientes, pero lo más llamativo para el caso Argentino es que parecería que tenemos una disputa con los herederos del Rey Orelie Antoine I, Primer monarca del Reino de Araucania y la Patagonia. El conflicto territorial no es menor, pues incluye toda la Patagonia. Habría que ver los visos de legitimidad que tiene el actual pretendiente al trono, el Principe Felipe, considerando que quiere representar a los verdaderos dueños de esos territorios, los Mapuches.
De los delitos y la inflación
Hay un interesante paralelismo acerca de lo que se discute de cómo debe actuar el Estado frente a dos de los principales problemas actuales: los delitos y la inflación. Nadie duda que estos fenómenos son de raíz compleja, pero mientras el gobierno para la inflación aplica controles de precio, a la hora de controlar la inseguridad, es la oposición la que pide más penas. Díganle como quieran, mano dura, respetar las leyes, cárcel para los delincuentes, etc. Como dice un reconocido blogero, con una frase estimulante, el Estado no estaba para organizar recitales, construir puentes o promover las exportaciones, sino para otorgar seguridad.
La llamativa paradoja, es que mientras que la inflación es combatida con lo que un conocido filosofo llamaría un dispositivo de disciplina, el cual el gobierno legitima por su aparente efectividad, a la hora de discutir la inseguridad, un dispositivo de tal tipo, como seria incrementar las penas, no aportaría solución alguna. Ciertamente todo esto es simplificar un poco las cosas, pero espero se me entienda.
Dicha diferencia me lleva a dos reflexiones. El primero es si con el dispositivo elegido no se obtiene el efecto inverso al buscado. Así como se puede argumentar que al equiparar las penas de, como ser, roba a mano armada y el homicidio, el chorro es indiferente entre uno y otro delito y consecuentemente, esta jugado, por lo que subir las penas de delitos menores tiene un efecto perverso, me pregunto si aplicando mayores controles de precios no tendremos un resultado parecido, que la escasez de tal o cual producto termine produciendo una mayor inflación en el futuro. Lo que varios economistas llaman inflación reprimida que tan presente esta en el ideario de los argentinos desde el rodrigazo.
La segunda reflexión es porqué se le concede a los controles de precios el estatus de efectividad y no a las penas. Qué diferencia a uno y otro caso, que la aplicación de poder de policía del Estado en un caso y en el otro sean distintos. Me atengo a una abstracción. Como varias veces se ha dicho, Más allá de que el discurso condene a los monopolios, es indispensable que estos existan para poder aplicar el control de precios, de lo contrario, frente a un fenómeno más atomizado, el dispositivo pierde su efectividad, que sería en el caso de las penas. No es que no podamos ser un poco esquizofrénicos y argumentar que lo que sirve en un caso no lo es para el otro, o qué hay fundamentos diversos en uno y otro problema. Pero esta perdida de coherencia se hace sacrificando la matriz de pensamiento que traduce los hechos actuales.
La llamativa paradoja, es que mientras que la inflación es combatida con lo que un conocido filosofo llamaría un dispositivo de disciplina, el cual el gobierno legitima por su aparente efectividad, a la hora de discutir la inseguridad, un dispositivo de tal tipo, como seria incrementar las penas, no aportaría solución alguna. Ciertamente todo esto es simplificar un poco las cosas, pero espero se me entienda.
Dicha diferencia me lleva a dos reflexiones. El primero es si con el dispositivo elegido no se obtiene el efecto inverso al buscado. Así como se puede argumentar que al equiparar las penas de, como ser, roba a mano armada y el homicidio, el chorro es indiferente entre uno y otro delito y consecuentemente, esta jugado, por lo que subir las penas de delitos menores tiene un efecto perverso, me pregunto si aplicando mayores controles de precios no tendremos un resultado parecido, que la escasez de tal o cual producto termine produciendo una mayor inflación en el futuro. Lo que varios economistas llaman inflación reprimida que tan presente esta en el ideario de los argentinos desde el rodrigazo.
La segunda reflexión es porqué se le concede a los controles de precios el estatus de efectividad y no a las penas. Qué diferencia a uno y otro caso, que la aplicación de poder de policía del Estado en un caso y en el otro sean distintos. Me atengo a una abstracción. Como varias veces se ha dicho, Más allá de que el discurso condene a los monopolios, es indispensable que estos existan para poder aplicar el control de precios, de lo contrario, frente a un fenómeno más atomizado, el dispositivo pierde su efectividad, que sería en el caso de las penas. No es que no podamos ser un poco esquizofrénicos y argumentar que lo que sirve en un caso no lo es para el otro, o qué hay fundamentos diversos en uno y otro problema. Pero esta perdida de coherencia se hace sacrificando la matriz de pensamiento que traduce los hechos actuales.
jueves, agosto 31
Variaciones en torno al Wirtschaftswunder
Parece que el tema del Wirtschaftswunder tal como se trata acá abajo y cómo lo presenta otro blogero tienen un renovado interés. En particular, este blogero hace referencia a las condiciones iniciales, mientras yo me inclinaría más por generar estas. Un paper escrito por un yanqui trata de poner el balance en esta cuestión. El resumen es más que interesante por la cantidad de bibliografía del tema.
Igualmente, creo que la discusión de los milagros es si la elección de una macroeconomía dada hace al crecimiento o si las condiciones microeconómicas permiten crecer, inclusive soportando una mala macro. Hace poco leí un paper (no me acuerdo donde pero ya lo agregare) bastante intuitivo. La macro es poco relevante en un rango más o menos amplio, pero se vuelve relevante para explicar el bajo crecimiento cuando su instrumentación es extremadamente mala. Me parece que concordaríamos en que ese fue (o es, que alguien me diga) el caso de la Argentina. Otro blogero se hizo esta pregunta. Las opciones dejan poca posibilidad de saber qué piensa la gente, y se inclinaría más por la macro. Es cierto que con una inflación del 100% mensual o un desempleo del 25%, no hay micro que valga, no obstante si en los 90 éramos capaces de convivir con un desempleo mayor al 10%, no esta dicho con que nivel de inflación somos capaces de convivir, ni siquiera cuales son las convicciones de este gobierno, más allá del éxito o no del control de precios, referido al tema.
Pero entonces, no estaré contradiciéndome. Si la micro de los 90 era buena, por que no tuvimos el despegue esperado en esos años, mientras que ahora que es mala, no encontramos razones en el corto a mediano plazo para que se corte la racha positiva de crecimiento (si bien es esperable converger a tasas más bajas). Lamentablemente en la comunidad de economistas, y en la sociedad en general prevalecen dos sensaciones. El hecho de que estamos condenados a repetir una fuerte crisis en ciclos más o menos cortos de 5 a 10 años (ya nos tocaría un tequila) y a simplificar todas las discusiones sobre la forma de intervención del gobierno en aspectos muy visibles. Yo diría dos: empresas públicas y control de precio. Que yo sepa nadie le importó (o más bien saludan positivamente) en la convertibilidad, y ahora, que el gobierno le encante manejar el precio del dólar. Casi diría que constituye una política de Estado de esas que les encanta pensar a los planificadores. O cuál fue el grado de participación del estado en dos de los éxitos sectoriales de la década del 90: la soja y el sector automotor. El primero es claro pero considerando la política aperturista de la década pasada, no deja de ser extraña a ella que se halla defendido un sector automotor nacional, al menos integrado con Brasil. Bien podría haberse elegido importar los autos desde México, Corea o quien sabe donde.
Una de las razones porque nuestro baggage ideológico me juego a decir es tan importante, es por cierta incapacidad de pensar de modo complejo, saltándose el principio de causa efecto. El éxito o no de un sector, de un programa o de una empresa se debe a la conjunción de múltiples factores. Podrán resaltar unos pero puede decirse que es el conjunto en sí, lo relevante. No obstante, nos resulta difícil poder pensar de este modo. Sino, véase lo que parecería ser la actual política económica del gobierno. Este responde exclusivamente a las subas de precio del IPC. Se encarecen los autos, salimos con un plan para abaratarlo, suben los alquileres, tenemos un plan de incentivos para la vivienda propia, como si no debería ser este un objetivo un poco más relevante que afectar el IPC. Lo mismo pasa con la energía, todo se resume en no convalidar aumentos de tarifas. Podríamos seguir pero creo que con este punto basta. El disciplinar a los agentes económicos no tiene generalmente el efecto esperado. Las relaciones de causa y efecto suelen ser bastante más complicadas de lo que uno supone, y no obstante, esto no supone una menor intervención del gobierno, sino al revés.
Igualmente, creo que la discusión de los milagros es si la elección de una macroeconomía dada hace al crecimiento o si las condiciones microeconómicas permiten crecer, inclusive soportando una mala macro. Hace poco leí un paper (no me acuerdo donde pero ya lo agregare) bastante intuitivo. La macro es poco relevante en un rango más o menos amplio, pero se vuelve relevante para explicar el bajo crecimiento cuando su instrumentación es extremadamente mala. Me parece que concordaríamos en que ese fue (o es, que alguien me diga) el caso de la Argentina. Otro blogero se hizo esta pregunta. Las opciones dejan poca posibilidad de saber qué piensa la gente, y se inclinaría más por la macro. Es cierto que con una inflación del 100% mensual o un desempleo del 25%, no hay micro que valga, no obstante si en los 90 éramos capaces de convivir con un desempleo mayor al 10%, no esta dicho con que nivel de inflación somos capaces de convivir, ni siquiera cuales son las convicciones de este gobierno, más allá del éxito o no del control de precios, referido al tema.
Pero entonces, no estaré contradiciéndome. Si la micro de los 90 era buena, por que no tuvimos el despegue esperado en esos años, mientras que ahora que es mala, no encontramos razones en el corto a mediano plazo para que se corte la racha positiva de crecimiento (si bien es esperable converger a tasas más bajas). Lamentablemente en la comunidad de economistas, y en la sociedad en general prevalecen dos sensaciones. El hecho de que estamos condenados a repetir una fuerte crisis en ciclos más o menos cortos de 5 a 10 años (ya nos tocaría un tequila) y a simplificar todas las discusiones sobre la forma de intervención del gobierno en aspectos muy visibles. Yo diría dos: empresas públicas y control de precio. Que yo sepa nadie le importó (o más bien saludan positivamente) en la convertibilidad, y ahora, que el gobierno le encante manejar el precio del dólar. Casi diría que constituye una política de Estado de esas que les encanta pensar a los planificadores. O cuál fue el grado de participación del estado en dos de los éxitos sectoriales de la década del 90: la soja y el sector automotor. El primero es claro pero considerando la política aperturista de la década pasada, no deja de ser extraña a ella que se halla defendido un sector automotor nacional, al menos integrado con Brasil. Bien podría haberse elegido importar los autos desde México, Corea o quien sabe donde.
Una de las razones porque nuestro baggage ideológico me juego a decir es tan importante, es por cierta incapacidad de pensar de modo complejo, saltándose el principio de causa efecto. El éxito o no de un sector, de un programa o de una empresa se debe a la conjunción de múltiples factores. Podrán resaltar unos pero puede decirse que es el conjunto en sí, lo relevante. No obstante, nos resulta difícil poder pensar de este modo. Sino, véase lo que parecería ser la actual política económica del gobierno. Este responde exclusivamente a las subas de precio del IPC. Se encarecen los autos, salimos con un plan para abaratarlo, suben los alquileres, tenemos un plan de incentivos para la vivienda propia, como si no debería ser este un objetivo un poco más relevante que afectar el IPC. Lo mismo pasa con la energía, todo se resume en no convalidar aumentos de tarifas. Podríamos seguir pero creo que con este punto basta. El disciplinar a los agentes económicos no tiene generalmente el efecto esperado. Las relaciones de causa y efecto suelen ser bastante más complicadas de lo que uno supone, y no obstante, esto no supone una menor intervención del gobierno, sino al revés.
Dime qué lees, y te dire quien sos
Excelente, obtenido de www.mutantes.com.ar
Recientes investigaciones sobre medios de comunicación, muestran a cada diario con un perfil de lectores. Argentina no es ajena a esto y se comprueba la siguiente segmentación:
a. Página/12 es leído por la gente que hoy dirige el país.
b. Clarín por la gente que piensa que dirige el país.
c. Ámbito Financiero, por gente que piensa que debería dirigir el país.
d. Infobae, por quienes creen que ellos deberían dirigir el país, pero no entienden ni jota de lo que dice Ámbito Financiero.
e. La Nación es leído por la gente que no tendría problemas en dirigir el país, si pudiera hacerse el tiempo.
f. La Prensa, por aquellos cuyos abuelos acostumbraban dirigir el país.
g. Crónica es leído por gente que no está muy segura de qué dirigentes y qué partido político está dirigiendo el país.
h. Diario Popular, por gente que no le importa quién está dirigiendo el país, mientras haya bingos y quinielas.
i. La Razón, por gente que no está segura de dos cosas: si hay un país, y si alguien está dirigiéndolo.
j. The Buenos Aires Herald es leído por gente que está dirigiendo varios países.
k. Olé es leído por una inmensa mayoría de gente que consume deportes para no pensar en el país y, sobre todo, en quiénes lo están dirigiendo…
[del spam diario, que ya pide a gritos categoría propia]
Recientes investigaciones sobre medios de comunicación, muestran a cada diario con un perfil de lectores. Argentina no es ajena a esto y se comprueba la siguiente segmentación:
a. Página/12 es leído por la gente que hoy dirige el país.
b. Clarín por la gente que piensa que dirige el país.
c. Ámbito Financiero, por gente que piensa que debería dirigir el país.
d. Infobae, por quienes creen que ellos deberían dirigir el país, pero no entienden ni jota de lo que dice Ámbito Financiero.
e. La Nación es leído por la gente que no tendría problemas en dirigir el país, si pudiera hacerse el tiempo.
f. La Prensa, por aquellos cuyos abuelos acostumbraban dirigir el país.
g. Crónica es leído por gente que no está muy segura de qué dirigentes y qué partido político está dirigiendo el país.
h. Diario Popular, por gente que no le importa quién está dirigiendo el país, mientras haya bingos y quinielas.
i. La Razón, por gente que no está segura de dos cosas: si hay un país, y si alguien está dirigiéndolo.
j. The Buenos Aires Herald es leído por gente que está dirigiendo varios países.
k. Olé es leído por una inmensa mayoría de gente que consume deportes para no pensar en el país y, sobre todo, en quiénes lo están dirigiendo…
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